El valor de errar luchando
Por Javier Manzano Franco—
En el combate por la restauración de un orden justo y católico hay dos modos de fallar. El primero y más indigno es no actuar jamás: es el fracaso del pusilánime, del que espera “el momento adecuado” mientras el enemigo avanza. Tal cobardía no enseña nada, no deja herida ni cicatriz: sólo decadencia interior y deshonor.
El segundo tipo de fracaso es muy distinto: es caer por haber osado. El militante que se lanza, que defiende la Verdad con medios imperfectos pero con alma ardiente, aun si tropieza, gana, aprende, se depura y se fortalece. Cada herida se convierte en un signo de autenticidad, de prueba vivida. Aquel que no yerra jamás probablemente jamás ha actuado con decisión: ha tenido suerte, o ha sido cobarde. Y cuando finalmente caiga (porque caerá) no sabrá levantarse.
El carlista fiel no teme a la opinión del mundo. Prefiere el error valiente a la prudencia estéril. Antes que complacer a las mayorías o parecer sensato ante los tibios, prefiere lanzar sus convicciones al mundo y dejar que se acrisolen en la prueba.
Pon hoy en acción una de tus ideas. No temas errar si lo haces por fidelidad, porque en la lucha sólo se pierde cuando se calla o se huye.
