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6 de julio de 2024 0 / / / / / / / / / / / / / /

CON LA VID O CON LA ZARZA

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(Por Javier Manzano Franco)

El día de mañana es séptimo Domingo de Pentecostés. En la Colecta, el Remanente Fiel de la Iglesia pide a Dios, que “no se engaña jamás en Sus disposiciones”, que aparte de nosotros “todo lo dañoso” y nos conceda “todo lo saludable”. De estas disposiciones mencionadas, la que más sangrantemente está siendo cuestionada en los últimos días y especialmente el día de hoy es la de la Misa Tridentina, definitivamente fijada por el Papa San Pío V en su Misal de 1570. En su bula Quo Primum Tempore del mismo año, el Sumo Pontífice ordena “que a este Misal justamente ahora publicado por Nos nada se le añada, quite o cambie en ningún momento, y a esta forma Nos lo decretamos y Nos lo ordenamos a perpetuidad, bajo pena de nuestra indignación, en virtud de nuestra constitución”. Bien sabemos que la Misa en la lengua sagrada del latín, de cara a Dios y que incide en el silencio y en el Misterio de la Transubstanciación y de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, ha ido siendo progresivamente minada desde el negrísimo año de 1962 en favor de un ritual en el que las excesivas inteligibilidad y compadreo (desintegradoras de toda fascinación), el halago al fiel en lugar de la adoración a Dios, el continuo diálogo entre el cura y el “público”, participante a la manera del happening, y el concepto de “comida”, “almuerzo”, “banquete” e incluso verbena o fiesta con payasos en los peores casos (y no el de actualización del Calvario) son los protagonistas. En la Colecta, pues, pedimos a Dios, que jamás se equivoca estableciendo la Misa tradicional a perpetuidad, que nos conceda el oír esta, pues de ella puede venirnos todo lo saludable, y que aleje de nosotros, como si fueran la serpiente y el alacrán, a los pérfidos modernistas.

San Pablo os hablará mañana como habló a los romanos: “Pues bien, como pusisteis vuestros miembros al servicio de la impureza y de la iniquidad para la iniquidad, así ahora entregad vuestros miembros al servicio de la justicia para la santidad” (Rom 6, 19). Algunos de vosotros, que fuisteis paganos y habéis sido convertidos por la gracia de Dios, ¿participaréis ahora en ritos tanto o más censurables que los del paganismo del que venís simplemente porque así os lo mandan unos hombres perversos o cobardes a los que, por consiguiente, no solo no debéis la menor obediencia sino a los que debéis plantar cara? Recordad que los frutos de vuestra iniquidad fueron la muerte. No habéis salido de la sartén para caer al cazo: San Pablo os insiste en que “tenéis por fruto la santificación y por fin la vida eterna” (Rom 6, 22), y ese don de Dios, que se halla en Cristo, no lo encontraréis en un ritual en el que tantos abusos litúrgicos se cometen, sino en la Misa que Dios ordenó que durase hasta el fin de los tiempos.

“Venid, hijos míos, escuchadme, y os enseñaré el temor de Yavé.” (Sal 34, 12). “Volveos todos a Él y seréis alumbrados, y no cubrirá el oprobio vuestros rostros” (Sal 34, 6).

Como el Señor jamás se engaña ni engaña y siempre responde (otra cosa es que queramos escucharle), en el Evangelio de mañana nos habla alto y claro acerca de la cuestión candente que está haciendo sufrir a la catolicidad (la de verdad, no la surgida del conciliábulo de 1962) en estos últimos días y que se ha hecho insoportable esta mañana cuando hemos sabido que la Congregación para el Culto Divino ha obligado al Arzobispo de Oviedo a suspender la Misa tradicional en la Basílica de Covadonga y a relegar esta a los bosques y prados, rebajando el Rito en que más honra se da a Dios a la altura de un aquelarre. La advertencia que nos da Cristo es tan infinitamente valiosa que me veo obligado a reproducirla casi entera:

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura se cogen racimos de los espinos, o higos de los abrojos? Así que todo árbol bueno da buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos. No puede árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo frutos buenos. El árbol que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego.” (Mt 7, 15-19)

¿Puede decirse que son buenos los árboles que atentan contra la peregrinación más santa de España, que intrigan para provocar la destitución del obispo Strickland, la excomunión del arzobispo Viganò, la persecución del padre Missigbètò y de todos los sacerdotes de La Sacristía de La Vendée y, en cambio, colman de honores al sodomita James Martin, a la mesalina Lucía Caram e incluso a una vicepresidenta comunista como es Yolanda Díaz y que procuran el nombramiento como prefecto del Santo Oficio de un ser tan siniestro como Tucho Fernández? Ni son buenos esos árboles, ni han de comerse sus frutos porque acarrearán la muerte: todos han de ir al fuego.

En el año 353, en plena infestación arriana de la Iglesia, San Atanasio, obispo de Alejandría, escribía a sus fieles: “Ellos han podido quedarse con nuestros templos, pero están fuera de la verdadera fe. […] Reflexionemos: ¿qué es más importante: el lugar o la fe? […] El lugar, es verdad, es bueno, [pero] cuando se predica en él la fe apostólica; es santo, si todo lo que sucede y pasa en él es santo. […] Los católicos que se mantienen fieles a la Tradición, aun si se reducen a un manojo, son la verdadera Iglesia de Jesucristo.” Arthur Roche ha expulsado al mismísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo y a nosotros, Sus fieles, a los bosques para darle allí culto como si fuésemos brujos. Soportemos, por nuestros pecados, esta humillación… por el momento. Oigamos en el campo la Misa completa, confesémonos y comulguemos allí, de rodillas y en la boca y de manos de un sacerdote. Y una vez en Covadonga, entremos en la Basílica exclusivamente a cantar el Te Deum, en la sagrada lengua latina, y a presenciar la consagración a la Virgen Santísima. Asistamos fervientemente a estos dos cultos, pero ni a uno más, saliendo imediatamente después a la calle en repulsa por aquellos hombres inicuos que, como decía San Atanasio,  “pretenden representar a la Iglesia cuando en realidad ellos se han expulsado a sí mismos de ella y se han extraviado”.

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