2 de agosto de 2019 3 / / / /

Carlistas confederados

Por Diego de la Llave García

Tras la derrota del bando legitimista tras la Segunda Guerra Carlista (1846-1849), la desesperanza y el miedo a la represión gobierno liberal hobbesiano de Madrid provocó que muchas familias carlistas de Vascongadas, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo (las regiones con más apoyos carlistas) decidieran marchar en busca de una nueva vida en un Nuevo Mundo. Algunos, marcharon a Hispanoamérica, pero otros decidieron establecerse en las antiguas posesiones españolas de ultramar de Florida, Luisiana o Texas. Pese a la visión hollywoodiense que hoy tenemos de los dixies, allí fueron recibidos gratamente ya que admiraban la defensa carlista del modo de vida tradicional cristiano.

Pese a las simpatías mutuas, los Estados Confederados de América (1861-1865) no eran, ni mucho menos, una Monarquía Tradicional como la que defendían los tradicionalistas españoles. Se trataba de una República Constitucional, con separación de poderes en origen, basada en la Constitución de los Estados Unidos (1787). Lo que compartían carlistas y sureños era la defensa del modo de vida tradicional, cristiano, basado en la cortesía, los códigos de caballería y la fisiocracia propia de la Democracia Jeffersoniana que, según la siempre avispada Wikipedia, era un movimiento de izquierdas. Frente al Federalismo/whigismo del Norte, basado en el estatismo, la deuda pública, el centralismo, la banca centralizada, la Democracia Jeffersoniana del Sur ofrecía apego por la tierra, moneda sólida (patrón oro), libre comercio y descentralización de los estados. La victoria total de Abraham Lincoln –racista redomado como se demuestra en varios de sus discursos de campaña, defensor de que el oeste fuera solo poblado por el hombre blanco– suponía el colapso de la economía sureña – basada en la exportación de algodón-, que se veía esclavizada por unos aranceles tanto de importación como de exportación que comportaban un cierre del mercado exterior. El norte estaba dispuesto a obligar al Sur a comprar sus caros y malos productos manufacturados, dándoles igual el daño que causaría esa política arancelaria al Sur. No les quedó otra a los estados del sur, y todo empezó en Fort Sumpter. Los estados del Sur –salvo Missouri, Kentucky, Maryland y los condados que formarían ilegalmente West Virginia- se unirían en Confederación. Se llegó a debatir si hacer oficial la religión cristiana en el congreso sureño, cosa que no ocurrió por respeto a la minoría judía. Fue toda una declaración de principios. Lincoln, mientras tanto, horrorizado por las primeras derrotas de los unionistas ante ese genio militar llamado Robert E. Lee, se saltó la Constitución todas las veces que pudo para poder mantenerse en el poder. El Norte –superior demográficamente e industrialmente-, sacó todo su potencial y arrasó sin piedad el Sur. De poco sirvieron el heroísmo y la caballerosidad de los grises cuando tenían en frente a un ejército que te superaba en 5 a 1, y que bajo los generales Grant y Shermann – sí, el de el mejor indio es un indio muerto- arrasaron las propiedades del sur, mataron a inocentes a sangre y fuego y dejaron morir de hambre a mujeres y niños. Estos eran los libertadores. Fue la guerra más sanguinaria que se haya dado en suelo americano. Entre 600. 000 y 900.000 muertos. El 75% de la economía del Sur, destruida. El saqueo a la población del Sur, bajo ocupación militar, directamente no es cuantificable.

La esclavitud, siempre la esclavitud. Sólo les diré, queridos lectores, que ni esta fue la causa de la guerra –que se debió a que unos querían imponer un modelo económico sobre otros, amén de socavar sus derechos como estados que, según los Padres Fundadores, era donde residía el poder del pueblo- ni tampoco fue un tema insignificante. En la mayoría de las declaraciones de independencia de los estados se habla de la peculiar institution. Sin embargo, la realidad es que la esclavitud estaba en total decadencia en la región. La mano de obra esclava era cara de mantener, improductiva y cada vez más inmoral. Solo el 2,75 % de los ciudadanos del Sur tenían esclavos en 1861, según un estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Sur. El trabajo libre sustituye progresivamente al esclavo. Y, respecto a racismo, no es que el Norte lo fuera menos. No me refiero solo a las declaraciones de Lincoln –que usó la esclavitud como propaganda de guerra ante el exterior tras la Batalla de Antietam (1862) y que en repetidas ocasiones dijo que la esclavitud le daba igual-, sino a que se estima que solo en torno al 5% de la población del norte era abolicionista. En esos estados, la elección del modelo industrial había acabado con la esclavitud, pero su deseo de no convivir con ellos les llevó a apoyar la Ley del Esclavo Fugitivo (1850), recluir a los negros en guetos y promulgar leyes estatales que, entre otras cosas, prohibían la emigración negros a sus estados, el derecho a voto y el matrimonio interracial, quedando las ulteriores leyes Jim Crow en algo bastante descafeinado, en ciertos aspectos, al lado de esto. Muchos líderes confederados como el presidente Jefferson Davies o el general Robert E. Lee aborrecían la esclavitud y defendían una emancipación ordenada no sectaria como la que habían hecho los británicos, con tan buenos frutos. Nada que ver con la de Lincoln y los republicanos radicales, que de nada sirvieron porque los negro siguieron ligados a las plantaciones hasta la década de los 60 del siglo pasado ¿Qué pensaban los carlistas de todo esto? Pues, como buenos cristianos, aborrecían las esclavitud y amaban el modo de vida tradicional. Desde una óptica análoga lo vio la Santa Curia, de ahí que los Estados Pontificios recibieran a los legados diplomáticos de la Confederación y se produjera una amable y afectuosa correspondencia entre Jefferson Davies y el papa Pío Nono que supuso una suerte de protoecumenismo entre católicos y bautistas del sur.

Con el estallido de la guerra, los carlistas exiliados se alistaron raudamente en las filas confederadas, dispuestas a hacer, como dijo el General Jackson, la Segunda Revolución Americana. Los boinas rojas no pudieron entrar en Madrid pero estaban dispuestos a defender Richmond –capital sudista- hasta el final. La mayoría de ellos lucharon junto a los Tigers irlandeses, produciéndose en el campo de batalla una síntesis celta letal entre españoles, irlandeses y descendientes de escoceses. Ya hablaban los romanos de la fiereza del guerrero celtíbero. Tras la rendición del ejército confederado en Appomattox (9 de Abril de 1865), Lee se dirigió entre sollozos a esta brigada destacando su coraje y determinación en el campo de batalla. Es destacable también la actuación del General carlista Echegaray y algunos requetés en la derrota unionista de West Woods junto a la 1ª división de Tennesse. Tampoco es justo olvidar el papel de algunos húsares carlistas de origen castellano en la derrota del ejército del General McClellan en Harpers Ferry bajo el mando del General Lee. En el cementerio que hay en Antietam, donde se produjo toda una carnicería, encontrarán las tumbas de algunos valerosos soldados españoles entre los 4000 enterrados.

Esto es solo un ejemplo más de aquellos carlistas que exiliados, voluntaria o forzosamente, lucharon con gallardía en ayuda de aquellos que propugnaban una causa que les parecía justa y acorde con el Tradicionalismo Hispano.

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3 comentarios en “Carlistas confederados

  1. Rodrigo

    Lo de los “carlistas confederados” es una leyenda urbana, leyenda que se inventó hace algo más de diez años un tipo raro llamado David Odalric Caixal. “Ahora Información” queda bastante mal saliendo otra vez con esta cantinela cuya falsedad está sobradamente demostrada.

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  2. monsterid

    Luís B. de PortoCavallo

    Lo que Rodrigo apunta es totalmente correcto. Este bulo proviene de los desvaríos en 2003 de un tal David Odalric de Caixal i Mata que colocó está falacia en diversos medios como supuesta “investigación histórica” (incluido el Diario de Navarra y por desgracia en el núm.66 de Ahora-i) y que ha sido ampliamente desmentido ante la falta documental. En los muy exhaustivos registros estadounidenses de la guerra de secesión NO CONSTA NINGÚN general, ni capitán, ni cabo Echegaray, ni referencia alguna a este despropósito. En los Tiger de Luisana apenas aparecen 20 nombres hispanos (que no quiere decir que sean españoles) repartidos en varias secciones. No obstante, este bulo parece haber hecho alguna fortuna y reaparece periódicamente.

    Pero, además, es que en caso de haberse dado, valga la analogía, el hecho de que hubiera voluntarios tradicionalistas en la División Azul, no significa un reconocimiento del tercer reich, que es lo que el autor pretende deducir.

    La visión economicista, como fundamento (a la que por desgracia nos han acostumbrado) que inspira el artículo, pretende justificar una serie de conceptos e ideas inconexas y absolutamente contradictorias.

    Mucho más importante para desmentir todo esto es el principio rector del carlismo, la defensa de la sana tradición (y por esto no se entiende sólo la tradición española, que también, ya q en algunas de aquellas tierras debiera haberse dado si no hubiera sido pq fue intencionadamente EXTERMINADA por los hijos de la pérfida albión y sus nietos bastardos de las colonias), se entiende la tradición catolica, apostolica, romana. Lo que a los secesionistas WASPs (White Anglo Saxon Protestan) segidores del furibundo y fanático pastor protestante presbiteriano Palmer, NO LES HUBIERA HECHO NINGUNA GRACIA.

    Escribir: “Lo que compartían carlistas y sureños era la defensa del modo de vida tradicional, cristiano, basado en la cortesía, los códigos de caballería y la fisiocracia propia de la Democracia Jeffersoniana” es NO TENER NI IDEA de que defiende el carlismo, pero demuestra que TAMPOCO SE TIENE NI IDEA de la revolución de las trece colonias. Las teorias de Jefferson, no es que sean dudosas, es que simplemente son la ilustración hecha revolución y como tal inaceptables doctrinalmente para nosotros.

    En fin este tipo, de articulos ayudan más a confundirlo todo que a otra cosa.

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  3. monsterid

    Luís B. de PortoCavallo

    Por cierto, a mayor interés, recomiendo el artículo ¿CARLISTAS EN EL EJÉRCITO CONFEDERADO? de 1 de enero de 2009,
    http://elgritodelalechuza.blogspot.com/2009/01/carlistas-en-el-ejrcito-confederado.html

    Este artículo y sus comentarios son bastante clarificadores, aunque la pág. web dónde está inserto no sea especialmente idónea, pero hay que saber separar una cosa de otra.

    Otro lugar dónde se puede comprobar la falta de datos y documentación de esta invención (y bastanta aseptico) es
    http://informedereva.blogspot.com/2015/04/carlistas-en-la-guerra-civil-americana.html

    Por otro lado el Historiador Carlos Canales escribió en 9 de dic. de 2011:
    «[…] he recibido ya más de dos decenas de cartas sobre el tema, principalmente porque muchos oyentes del programa de Onda Cero «La Rosa de los Vientos» saben que estoy traduciendo las memorias de Charles Frederick Henningsen, por lo que el tema de carlistas en el CSA Army es obvio que me interesa mucho.

    Cuando leí por primera vez esta disparatada noticia quise ser prudente y hablé con Caixal i Mata por teléfono, pues algo tan llamativo me interesaba para «Ristre», pero después de investigar con calma, lo tengo claro, es todo falso. Aún así, compré la revista “La Santa Causa”, número 7 (diciembre de 2003) para comprobar los datos y los resultados son peores de lo imaginado y con respecto al autor, no he vuelto a saber nada de el.

    Personalmente no entiendo que es lo que pudo motivar a Caixal a publicar algo semejante, pero me alucina aún más la obstinación de muchos en continuar defendiendo de forma irracional un cuento como este».

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