16 de noviembre de 2017 0

“TV3, el portaviones adoctrinador, de nuevo en marcha”

 

Alfonso Quintá, el periodista maldito, que en 2016 mató a su mujer y se suicidó, había sido durante unos años el único y rocambolesco enfant terrible del periodismo catalán. Su vida fue tan poliédrica que pasó de ser el acosador incansable de Jordi Pujol por el caso de Banca Catalana, desde El País, a ser uno de los fundadores y principal organizador de lo que después sería la mejor arma y más bien engrasada del adoctrinamiento nacionalista: TV3. Pero con el tiempo su carácter le llevó de nuevo a enfrentarse al nacionalismo, hasta su trágico fin.

A él debemos noticias y datos que empezaron a cambiar el imaginario que muchos tenían de la televisión autonómica y fue el creador de la célebre analogía que comparaba TV3 con el portaviones francés Charles de Gaulle. En un célebre artículo, argumentaba que “aunque cueste creerlo, TV3 tiene más personal que aquel barco de guerra, el más moderno y con más personal de la flota gala”. La tripulación de susodicho monstruo era de casi 2.000 personas. La televisión autonómica catalana supera con creces esa cifra llegando a tener 2.300 profesionales contratados. Los presupuestos en nómina superan con creces a los dos grupos mediáticos más importantes de España: Atresmedia y Mediaset.

En plena crisis económica y auge nacionalista, entre 2012 y 2015, la Generalitat consintió que el gasto en nóminas se elevara un 33%. Actualmente roza los 156 millones de euros al año que se pueden comparar con los 45 millones que dedica anualmente Atresmedia para pagar a los suyos. Para poder tener una idea de la magnitud de estas cifras baste comparar TV3 con Canal Sur -que dedica 51,17 millones con una plantilla de 1.257 personas- o de Telemadrid, que gasta 16,5 millones en las nóminas de 317 empleados.

Como decíamos, la crisis económica no conllevó recortes en el Ente catalán. Artur Mas lo intentó, pero rápidamente se dio cuenta que el portaviones era intocable. Y en la medida que el share bajaba, los presupuestos aumentaban. Desde sus orígenes, las 10 cadenas –sí, diez- asociadas a TV3, entre ellas el polémico Canal super3 dedicado al constante adoctrinamiento de niños, se había mantenido líder en audiencia. Pero paradójicamente al iniciarse el “procés” independentista en 2012, el portaviones empezó a perder share, pasando de unas medias de 17% de cuota de pantalla, hasta llegar a bajar del 10%. Toda una debacle en términos estadísticos y políticos.

Sin embargo, en el matrix independentista la realidad-ficción es inalterable. La maquinaria sique en marcha y a nadie parece preocupar los constantes despropósitos. Uno de ellos, el más sangrante, es el de las productoras externalizadas. Una de ellas, la más importante, Minoria Absoluta, la del irredento independentista Toni Soler, en la última década ha facturado la vertiginosa cifra de 60 millones de euros. Otros casos incomprensibles desde la ética profesional es que asalariados de la casa, como Toni Bassas o Ramón Pellicer, también factures a TV3 desde sus productoras privadas. Y, cómo no, se podría escribir las relaciones de amor-odio entre Jaume Roures y TV3. El maoísta Roures, sólo en 2011 por derechos deportivos, facturó la friolera de 128 millones de euros.

Cuando se iba aplicar el artículo 155 de la Constitución, bastó una leve manifestación de los trabajadores y directivos de que no pensaban acatar otra dirección que la del actual ultranacionalista Vicent Sanchís (110.000 euros anuales de sueldo), para que el gobierno decidiera no tocar el De Gaulle catalán. El portaviones sigue en marcha y contra todo pronóstico ha aumentado su ritmo. El 155 ha echado gasolina al fuego y TV3 ha recuperado su Share. Las manipulaciones y adoctrinamiento especialmente en programas para niños, rozan delitos graves. Se llega a adiestrar a los niños en lo que son “presos políticos” y lo “represiva” que es la policía del estado español. Hay comisarios lingüísticos que estabecen qué términos, como “España”, no se pueden pronunciar o cómo debe darse el tratamiento político a las noticias. Todo ello se vive con la más absoluta normalidad e impunidad.

Son tantos los casos diarios de manipulación que no acabaríamos nunca (y si conviene desde este medio iremos analizando casos). Las quejas de las asociaciones independientes de periodistas, como la “Pi i Margall”, caen todas en saco roto. El portaviones es un poder en sí mismo, peor, se ha convertido en un fin en su mismo y su meta es la supervivencia como maquinaria adoctrinadora. Todos temen a TV3, incluso los partidos nacionalistas, pues saben que en sus despachos se predicen los políticos que caerán en desgracia o los que se elevarán al Olimpo. Las guerras internas en el nacionalismo catalán tienen mucho que ver con las luchas intestinas por hacerse con el control de Ente. Ya nada importa, sólo controlar la fábrica del matrix catalán, TV3. Ante ello se impone el cinismo de negar la realidad exterior. Ya lo dijo su director Vicent Sanchís, cuando se declaró la inexistente república catalana: “TV3 no desobedece la legalidad, simplemente obedece a otra legalidad” … claro, la suya propia. El Gobierno español no ha querido tomar el timón, y ahora inmenso barco de guerra ha enfilado proa de nuevo contra el Estado.

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