2 de Marzo de 2017 0

Tele-educando al rebaño

Es fin de semana. Media la tarde y mis hijos más pequeños se enteran de que en un canal de la tele (DMax) están poniendo una de las entregas de la saga Regreso al Futuro. La ponen. Llega un intermedio. Mediada la tarde, repito. Regreso al futuro, insisto. La publicidad, lo más propio: “¿habéis probado los geles de placer?” Bla, bla bla. Y tal y tal.

Llevo a mis hijas mayores. La mediana tiene el mal gusto de poner a esas horas en la radio del coche Cadena 100 (propiedad, por cierto, del sindicato español de obispos, dentro del grupo COPE). La mediana se baja y sigo con la mayor. Son las 8:18 de la mañana. Voy a cambiar la cadena pero por motivos ajenos a lo relatado, la dejo unos minutos. Publicidad. Ruido de una ducha. Ruido de una puerta. Hombre que dice “estoy en casa”. Mujer que contesta “me estoy duchando”. Hombre que dice “me han echado del trabajo”. Ruido de la cortina de la ducha. El agua sigue sonando. “Hummm, siiii”. Voz en off: “si tu vida sexual está bien, lo demás no importa”.

Martes, 21:15 horas. Faltan unos minutos para que empiece el partido del Betis. Lo retransmite el canal Gol. Pongo la tele en el salón pero me voy a la cocina, a cenar. Todavía no he salido por la puerta y, antes de conectar con el estadio, muy rimbombantemente una marca de preservativos (y pagadora de informes manipulados sobre el SIDA, añado) expone la gran labor que realiza evitando embarazos “imprevistos” y facilitando el acceso de los jóvenes al sexo “seguro”.

Esto que les cuento ocurre en unos pocos días y con un uso bastante reducido y selectivo de radio y, sobre todo, tele. Si la dejan puesta normalmente, pues ya saben. Ni siquiera sirve con “esquivar” determinados programas: además de la publicidad, observen ustedes cualquier avance de cualquier programa de cualquier cadena a cualquier hora del día, y encontrarán estos tres ejemplos casi como anécdotas menores.

Desconectar tele (¡y radio!) es una opción cada vez más atractiva.

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