1 de Mayo de 2017 0

Más datos sobre la justicia española

 

Durante la pasada madrugada oía un programa de radio cuyo nombre no recuerdo. Hacía una especie de repaso de los casos más desproporcionados, que se encuentran en la cárcel. Efectivamente, la ley española es muy tolerante con unos. Desproporcionada con otros. Hay quien está en la cárcel por haber robado unos pocos euros y quienes roban pequeñas cantidades todos los días y no ocurre nada. Incluso quien roba grandes cantidades y recibe tratos de favor en las cárceles o se dilata el cumpliento de las condenas. ¿Cómo puedo ocurrir eso? ¿Cómo se puede ir a la cárcel por robar cincuenta euros o hurtar una bicicleta, sabiendo que la cárcel será su definitiva entronización (nunca mejor dicho) en el mundo de la delincuencia? Claro, se trata de incluir aditivos al cumplimento de la ley, como pertenencia a una banda organizada, que a lo mejor eran los cuatro golfos del barrio con los que alguna vez tomaba cervezas, o cualquier tontería. Recordemos aquel pobre hombre que fue a la cárcel por robar pañales para su niña recién nacida. Y es que los jueces tienen mucho trabajo. Supongo que demasiado. Aplican la ley de forma tan técnica que los inocentes pentran en la cárcel y los culpables quedan exenta de ella. Luego todo lo delegan al posible, o probable, indulto del Gobierno, que, por supuesto, al más viejo estilo de las Españas, llegará tarde, mal o nunca.

¿Qué ocurre aquí? Muy fácil. Han formado jueces y fiscales con conocimientos técnicos pero no éticos. La ley debiera estar al servicio de la persona. Pues no, es la persona como munición para los inmensos beneficios que supone el cumplimiento de la ley. Una vez más es necesario que existan pobres para que perdure la caridad. Naturalmente, poco puede perdurar lo que no existe. La falta de formación moral se traslada a cárceles y tribunales ante la mirada indiferente de muchos. Cuando hablas con las personas, que manía ésta de los médicos de hablar con la gente y saber lo que de verdad sienten, pero no podemos evitarlo, te das cuentas de lo que de verdad sienten y que saben de sobra que existe un rey demérito y otro rey mudo, lector de discursos probablemente hechos por otros y que como buenos descendientes de extranjeros, se limitan a contemplar el dantesco espectáculo de la degradación de la justicia.

Mientras tanto llueven las demandas para inhabilitar ficales anticorrupción y fiscales generales. Y es que la justicia era ciega. Ahora está operada de cataratas.

Los políticos van trasladando, progresivamente, su lugar de formación de la Facultad de Ciencias Políticas a las cárceles, hasta tal punto que el sistema penitenciario es ya un formidable centro cultural colaborador inestimable de la vida universitaria. Al final el argumento es sencillo: “para que roben otros lo robo yo”.

Y es que España está de moda aquí vienen a juntarse “lo mejor de lo mejor” de todos los sitios mientras son recibidos con los brazos abiertos. Borrachera va, bacanal viene y todo vale. Luego te llegan reclamaciones a casa por dos o tres euros. ¿Será razonable pedir pagarlos a plazos?

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