21 de Agosto de 2017 0

Los fascistas son ellos.

 Muros de vergüenza en España.

     HE AQUÍ un fragmento de lo que queda del Muro de Berlín. La fotografía es muy reciente, de hace una semana. La tomo directamente y es impresionante. 

     El muro cayó en 1989 tras sufrimientos sin cuento.Por entonces, desde España no podíamos apreciar su verdadero significado. Eso sí, sabíamos que el Muro de Berlín tenía su homólogo, el Muro de bambú en el S.E. asiático.


     El Muro de Berlín era un muro material de cemento armado, alambradas, torres de vigilancia… pero sobre todo un muro espiritual. El Muro de bambú que es invisible, sin embargo es muy real. 

     Hoy día, en España, que se cuenta entre las naciones llamadas libres, se están creando muros reales aunque sean de naturaleza inmaterial. Muros de vergüenza, que regocijan a algunos, que excluyen a buena parte de la población, y que perjudican a todos. Es el muro de los nacionalismos periféricos en Cataluña y Euzcadi. Es el muro de la discriminación por motivos de lengua y partido político. El muro de la doble medida: ayudar hasta lo indecible a los inmigrantes y hacerlo a costa de los naturales. El muro del complejo de superioridad. El muro de los ciudadanos de primera y segunda o tercera clase. El muro del insulto y la violencia. El muro de la opresión y el totalitarismo administrativo e incluso político. El muro de la arbitrariedad, el voluntarismo y la persecución. 

     Todo esto es normal cuando se puede insultar a España y no pasa nada, cuando hay cientos de asesinatos por etarras pendientes de juicio, y, sobre todo, cuando se puede blasfemar e injuriar a Dios y la religión católica con casi total impunidad.
     Ciertamente, sin Dios, los idolillos que pretenden sustituirlo reúnen en su seno todas las tiranías, precisamente porque el verdadero Dios es Amor. 

     Los españoles, catalanes, navarros, valencianos…, sufrimos el muro del nacional-separatismo, impuesto por varias administraciones autonómicas que, a pesar de recibir el poder delegado del Estado, buscan transformar la autonomía delegada de dicho Estado en un pre Estado-nacionalista de raíz burguesa (PNV, Geroa Bai, los restos del antiguo CiU etc.). 
     Ahí está el muro del nacional-separatismo del PNV y la antigua CIU, provocado por la lectura liberal conservadora de qué es la “soberanía nacional” del Liberalismo, tan “conservadora” como la realizada por el PP de la Constitución de 1978. La diferencia es que al concepto voluntarista -y erróneo- de la soberanía tomado por el PP, que vacía totalmente qué es España, el PNV y la antigua CIU sustituyen la voluntad por la naturaleza, hoy día basada en la lengua.
     Pues bien, una vez más queda patente que lo conservador llama a lo radical.
     Primero porque los liberales conservadores de la soberanía nacional (PNV) se convierten fácilmente en radicales  cuando yendo en pos de su nación -entendida por ellos como “nacionalismo”- tienen que “construirla” porque no existe. En segundo lugar su radicalismo aumenta cuando tienen que competir el otro nacionalismo más jacobino y hasta terrorista. Si la Constitución de 1978 a fuerza de liberal es un ídolo que genera la peste, aquí aparece otro idolillo más absoluto por su particularismo, su novedad,  el enorme sentimentalismo que encierra, y por construirse como un “anti”, la anti-España.

     A la par que en anterior, también sufrimos el muro nacional-separatista  vinculado a un socialismo totalitario al estilo URSS, a la cubana o al estilo venezolano del tal Maduro. Aquí aparece un idolillo como el anterior, más nervudo y duro. Es el muro del nacional-separatismo creado por EH Bildu, Ezquerra catalana etc., al que se suman con mucho gusto los comunistas que quedan en IU y las élites de Podemos. (Que tras esto haya mucho engaño al pueblo votante, solo refleja que hoy día el sistema político no sea representativo). En el caso de EH Bildu, Ezquerra etc., más que ascender de la supuesta nación vasca y catalana entendida totalitariamente al ansiado Estado vasco y catalán totalitarios, basados en una pretendida nación, es la administración autonómica en manos del nacionalismo radical apoyado por los conservadores la que se esfuerza por crear la nación que ansían. Se lo proponen usando la fuerza -ayer el terror-, la opresión, la mentira y manipulación. Todo al revés, fruto de los males inherentes a cualquier nacionalismo. 

     Sigamos con los nacionalistas radicales. Los marxistas “catalanes” y los bilduetarras han practicado las malas artes de acusar a los demás de forma reiterada de cosas muy feas y que precisamente son las que tienen en su haber hasta rabiar o “decir basta”. Por lo visto, el que denuncia primero se quita el mochuelo, y el que acusa primero tiene la razón. O una mentira dicho mil veces se convierte en verdad. Ellos practican en grado supremo lo que acusan a otros. 

     Acusan a los españoles de totalitarios, aunque ellos identifican la libertad únicamente con la suya. Bajo su mando desaparecen los derechos fundamentales de la persona y las familias. Mitificando la libertad, lo anarcoide y “buen salvaje” prepara y anuncia el totalitarismo. 

     Acusan a los españoles de fascismo, aunque nadie como ellos idolatran su supuesta nación, son amigos de la violencia y de hacer las trampas por ella, y no dudan en dar un golpe de Estado a la luz del día, como es el prometido referéndum, ilegal y unilateral, en esa noble tierra catalana. Como en 1934 en la Cataluña de Companys o bien en la Asturias del PSOE y CNT, entre otros. 

     Acusan a los españoles de imperialistas, aunque ellos, los nacionalistas catalanes y los vascos -malos catalanes y malos vascos- desean dominar otras Comunidades Autonómicas como Valencia y Baleares o la Comunidad Foral de Navarra. Tomada Navarra, pensarán en La Rioja, en el Este de Cantabria o las provincias francesas. 

     Acusan a los españoles de capitalistas cuando -tengo para mí- parte del gran capital internacional (la plutocracia) les sirve a ellos, que desearía volver al mito del estado originario de la Humanidad, aceptando entre nosotros el regreso a los reinos taifas, a los pueblos prerromanos preninsulares, al hombre de los abrigos mesolíticos y las cavernas peleolíticas, una nueva fusión con la naturaleza, la ecología entendida como nueva diosa del mundo y no como nuestros padres y abuelos la entendieron. Todo con tal de destruir las grandes naciones históricas. Y peor, todo a pesar de destruir a la persona por aborto, la eutanasia, el homosexualismo, la tribu que sustituye a la familia… 

     Da pena descubrir que, por ejemplo, los antikapitalistak confunden el capital con el capitalismo, confunden el feminismo (feminismoa) con lo que tergiversa e imposibilita a la mujer ser ella misma, y creen que por hablar de feminismo para vivir son más anticapitalistas. 

     Aquí hay tres grandes mitos e idolillos: la libertad disfraza la despersonalización y la esclavitud, la nación disfraza la disolución de la persona en el “nosotros” y destruye cualquier comunidad en base a los principios individualista o socialista -que se suponen mutuamente-, y la negación de la economía. En fin: el materialismo dialéctico más que mirar “hacia adelante” quiere volver “hacia atrás”. 

     No es la primera vez en la historia que luchando contra otros se lucha contra sí mismo. Y tampoco es la primera vez que el materialismo y el fetichismo del superhombre se disfraza de espiritualismo, en este caso más falso que Judas.

     José Fermín Garralda

     22-VIII-2017

P.D.  Avisamos que nacional no significa nacionalismo, por lo mismo que la libertad no es liberalismo, el capital no es capitalismo liberal, lo social no es socialismo, lo común no es comunismo, e incluso el Estado no es estatismo.

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