15 de diciembre de 2016 0 /

Los desafíos sobre la familia en el contexto de la Tradición

Familia

La batalla de las ideas fundamentales

En el terreno familiar hoy se nos presentan problemáticas inpensables hasta hace unos pocos años.

Entre las numerosas nuevas situaciones a las que nos enfrentamos está la de querer hacernos creer que no hay consenso sobre la definición de FAMILIA por lo que la familia natural – la que está inscrita y bien arraigada en la naturaleza humana y se basa en la unión voluntaria de un hombre y una mujer con una alianza matrimonial de por vida- es algo anticuado, pasado de moda, e innecesario, pues las funciones que antes cumplía ahora las puede cumplir el papá Estado.

Los ataques a la familia natural han ido creciendo en número e intensidad con el único objetivo de subvertir la familia natural por lo que estamos ante una batalla profunda en el terreno de las ideas fundamentales – las que soportan y fundamentan una manera de vivir y entender el mundo- y esa batalla la tenemos que dar y ganar.

Quieren imponernos que la familia, como cualquier institución social, tiende a adaptarse al contexto de una sociedad. Y así, presentándonos diversas modalidades de vida de familia -dependiendo de factores sociales, culturales, económicos y afectivos- tratan de imponernos una clasificación de las familias en diferentes tipos: nuclear (la familia natural, la formada por los progenitores y sus hijos), extensa (abuelos, tios, primos,..), ensamblada, reconstituida o familia mixta (en la cual uno o ambos miembros de la actual pareja tiene uno o varios hijos de uniones anteriores), de padres separados, monoparental, homoparental… vamos, las familias “con perspectiva de género”. Estas nuevas modalidades de «familia» buscan afirmar que por tal se ha de entender cualquier conjunto de individuos que viven juntos en la vida cotidiana independientemente de las características y los fundamentos en los que se apoya su convivencia.

Sin embargo, la FAMILIA, esa comunidad de padres, hijos y otros miembros organizados en torno a la idea del matrimonio monogámico y heterosexual, es un elemento fijo del orden creado que no puede convertirse en una realidad de nueva creación, ni puede ser re-definida por mucho que los poderes públicos lo están intentando por que ésta, la familia natural, la FAMILIA, es anterior al Estado.

Así que no solo nos encontramos inmersos en la cultura de la falta de compromiso y de la presupuesta inestabilidad del vínculo matrimonial y del pluralismo relativista en la concepción del matrimonio, sino que también estamos sometidos a la fuerte influencia de los medios de comunicación sobre la comprensión de la vida familiar y a tendencias de pensamiento -subyacentes en las propuestas legislativas- que desprecian la estabilidad y la fidelidad del pacto matrimonial. Además asistimos a la difusión de otros aberrantes fenómenos como el del alquiler de úteros (denominado maternidad subrogada).

Los derechos humanos dicen que están obsoletos por lo que también se dan nuevas interpretaciones a los mismos… Pero lo más grave de todo esto es la debilitación o el abandono de la fe en la sacramentalidad del matrimonio y en el poder terapéutico de la penitencia sacramental. Pensemos por un momento, por ejemplo, en el número de niños y jóvenes nacidos en estos matrimonios irregulares tan típicos del actual contexto que no podrán ver jamás a sus padres acercarse a los sacramentos.

A partir de todo esto comprenderéis la urgencia de considerar atentamente los muchos desafíos que tenemos que afrontar para defender la célula esencial de la sociedad; vamos, que no exageramos cuando decimos que hoy por hoy, nuestro principal campo de batalla está en recuperar los valores sobre los que se sustenta la familia.

Por ello, hoy más que nunca, necesitamos re-educarnos y re-educar a quienes deciden sobre el presente y el futuro de nuestras familias desde las estructuras del poder. La familia no puede ser un lugar de experimentación sociológica ni carne de cañón de la partitocracia.

La familia no se conoce plenamente más que viviendo en ella con fidelidad los valores que la sostienen. Por ello, una vez más, es preciso decir que hoy por hoy la batalla más urgente y necesaria que tenemos que librar está en lograr que la familia natural se fortalezca. Y para lograrlo, para recuperar los valores sobre los que se sustenta la familia, precisamos de la re-educación. Ahí está nuestro compromiso con la dignidad de las personas, con el valor del amor humano, y con nuestros hijos, que merecen recibir una España mejor que la que hoy tenemos.

Ninguna sociedad en la historia humana ha sobrevivido sin matrimonios sólidos y sin una sólida y natural vida de familia. ¡Ninguna! Es el primer ambiente social del hombre, en ella aprende los principios, los valores morales y las nociones de la vida, es universal ya que la historia de la familia es la historia de la humanidad, es una comunidad natural, es fundamental para la conservación de la especie y es la célula fundamental de la vida social, por lo que cuanto mejor organizada esté la familia más sólida y robusta será nuestra sociedad.

Concluyendo: la batalla de las ideas pasa por recuperar el concepto de familia. El MATRIMONIO es el fundamento de la familia. La FAMILIA es el fundamento de la sociedad. Más SOCIEDAD y menos ESTADO.

4,5

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