4 de julio de 2017 0 / / / / / /

Lo que no cuentan de Guernica

Iglesia de San Juan, de Guernica, ardiendo el día del bombardeo

Al cumplirse los ochenta años del bombardeo de Guernica, nos han hartado los medios de comunicación con su recuerdo.

El nacionalismo vasco se ha apuntado muchos tantos. Ha conseguido que el acto se considere como uno más de la barbarie nazi. A pretexto del “arte” se ha aireado el cuadro de Picasso. Y, lo más vergonzoso para España, en Madrid se ha recordado el aniversario de su factura en un acto presidido nada menos que por don Juan Carlos. Una más de las suyas. Pero de las peores. Mucho peor que cazar elefantes.

Las mismas instancias oficiales han contribuido a la maniobra. En la segunda cadena de la TVE se ha emitido un tendencioso reportaje sobre el bombardeo.

El lamentable episodio (todas las acciones de guerra lo son) se ha magnificado y se ha falsificado. Beneficiarios de ello: los epígonos de los perdedores de la guerra, especialmente los separatistas.

Ni fue el primer bombardeo de población civil. Ni fue el que más víctimas produjo. Ni ocurrió en un día de mercado, pues ocultan que un nacionalista vasco, que tenía atribuciones para ello, lo había prohibido oportunamente.

Los actos que denunciamos han sido parte de una campaña dirigida a denigrar el Alzamiento Nacional y la Victoria. Nuestra Guerra de Liberación debe ser juzgada en su conjunto. Comenzando por sus causas. Es una falsificación intelectual seleccionar un episodio concreto y sacar conclusiones que afectan a la totalidad. Y la falsificación en mayor cuando de magnifican unos aspectos y se ocultan otros. De esto vamos a ocuparnos.

La magnitud de los daños del bombardeo fue debida al incendio subsiguiente. ¿Por qué se emplearon bombas incendiarias? En una obra alemana escrita en defensa de la Legión Cóndor se dice que los aparatos estaban cargados con bombas incendiarias para atacar unas posiciones boscosas. En el momento de partir, los pilotos recibieron la orden de cambiar de objetivo y bombardear el puente sobre el río Oca, en Guernica. Los pilotos se extrañaron y preguntaron “Ist die Brücke aus Holz?” (¿es el puente de madera?)

Como quiera que fuera, el desastre lo produjo el incendio. Pero un incendio no es instantáneo: se inicia, toma incremento, se propaga y dura unas horas. Testigos presenciales están de acuerdo en que nada se hizo para evitar la propagación. Nos contó un Capitán de Ingenieros del ejército rojo que él llegó a Guernica con su compañía, retirándose. Que observó cómo el fuego pasaba de una casa a otra. Que dio órdenes a sus soldados para que apagasen las llamas en la segunda. Y que recibió órdenes en contrario. “Dejadlo, ya lo reconstruirán otros”.

En las Vascongadas, determinadas unidades rojas incendiaban antes de retirarse. Así lo habían hecho en Irún y Eibar. Como lo harían poco después en Amorebieta y Munguía. En su retirada el Batallón de gudaris Araba, llegó a Las Arenas. Un grupo anarquista, mandado por un teniente intentaba incendiar una manzana de casas. El comandante del Araba se dirigió a ellos:

– ¿Qué intentáis hacer?

– Quemar estas casas para que no queden para los fascistas.

– Pero ¿no vamos a ganar la guerra nosotros? ¡Quedarán para nosotros!

Por toda respuesta, el teniente anarquista disparó contra él, hiriéndole en una mano. Uno de los enlaces del comandante, a su vez, acribilló al anarquista con su metralleta. Así nos lo contaron gudaris del Araba, años después.

El comandante, que se llamaba Francisco Barañano, se ahogaría tres semanas más tarde en el puerto de Laredo, cuando con un numeroso grupo de oficiales de gudaris, intentaba desertar a Francia. Cayó al agua y, el brazo en cabestrillo le impidió nadar.

Los incendios de ciudades por los rojos en retirada eran habituales. Y eso se lo callan ahora.

En Guernica, además de las bombas incendiarias de la aviación, hubo incendios producidos desde tierra. La fotografía que reproducimos está tomada de la obra “La guerra civil en Euzkadi”, publicada por la editorial Naroki y escrita desde el campo nacionalista vasco. Corresponde al interior de la iglesia de San Juan ardiendo. Pero ese fuego no pudo ser originado por las bombas. Las paredes de piedra del edificio no habrían dejado otra entrada al fuego que por la cubierta. Y en tal caso, se apreciaría una claridad por la parte superior de la foto. La Iglesia arde. Pero se ve claramente que es el retablo lo único que arde. Prueba evidente de que el fuego ha sido provocado por quienes ya tienen experiencia de incendiar iglesias. Han dado fuego al retablo, donde se concentra la mayor masa de combustible.

La misma obra reproduce una serie de documentos relacionados con el bombardeo. Uno de ellos es una declaración jurada del jefe de la Estación del Ferrocarril, en la que afirma taxativamente que El edificio de la Estación fue incendiado por los que se retiraban. El documento ofrece la más completa credibilidad.

Resumiendo: En Guernica, además de las bombas de la aviación nacional, hubo incendios desde tierra. Y nada se hizo por apagar los producidos por las bombas. Y eso se calla ahora.

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