8 de Abril de 2017 0

Hoy nos vamos de procesión.


En estos días que preceden a la Semana Santa, numerosos colegios de todas las regiones españolas son fieles testigos de una costumbre que poco a poco ha ido arraigando y tomando forma, y donde cada vez más se van apuntando los centros escolares para dar muestra de su ingenio y enseñar a nuestros hijos la historia más bella jamás contada, la historia de Jesús de Nazaret.

Y aquí disfrutan todos desde los maestros que llevan varias jornadas trabajando con ahínco coordinando a las madres para vestir a los niños o haciendo los claveles de papel que adornan  el paso, los encajes de los monaguillos o las cestas con incienso. De todos estos detalles se ocupan, desde el profesor de religión como el de matemáticas, los niños que  salen de nazareno,  de costalero, de romano…. esperan con alegría, pues ese día acuden papá y mamá,  y los padres que “embobaos” son los mejores “paparazzi” de sus hijos, se esmeran para que  niños sean los más guapos (para ellos, seguro que lo son) y se porten muy bien, preocupados miran al cielo, ¡no puede llover!

Hoy se reúnen a las puertas de los colegios,  el día no puede ser más luminoso y todo está dispuesto para empezar “la carrera oficial”, no muy larga, (una vuelta por el patio de colegio), se reserva una zona para que el público asistente, padres, abuelos, vecinos… (que se escapan incluso del trabajo para seguir a sus hijos y nietos),  disfruten de  la simpática estampa que estos proporcionan desfilando con los cirios, cruces, capirotes de cartones y ellas con mantilla, escuchando la banda que tocan los compañeros de cursos superiores y portando en andas a Jesús crucificado o  a su Santísima Madre, todo un honor que quedará grabado en sus pequeñas memorias, como niños que son no desfilan en silencio, aunque lo intentan y sus pequeñas manitas se levantan para saludar,  incluso alguno posa a la cámara, pero es así como ha de ser, sin perder de vista que son niños y hacen cosas de niños.

La “levantá”, a toque de flauta. Ya van de  recogida, otra vez hacia las aulas tras un largo aplauso del numeroso público asistente. Tradiciones que nacen sencillas de las que deseamos sigan vivas en nuestros centros de enseñanza de pueblos o ciudades, que esperamos sean respetadas y alegren a nuestra chiquillería una pequeña catequesis que les lleve a descubrir la Pasión y resurrección de nuestro Señor.

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