23 de Agosto de 2017 0 / /

Estrategias suicidas

Por Luis del Pino (publicado en el diario El Mundo, el 20/08/2017)

«No se puede construir un Estado catalán sin la participación de los catalanomarroquíes». Así lo declaraba al periódico El País en noviembre de 2012 Ángel Colom, antiguo secretario general de ERC, luego acogido en CDC.
A partir de 2003, Ángel Colom ejerció sucesivamente de embajador oficioso de la Generalidad en Marruecos, de secretario de inmigración en la ejecutiva de CDC y de director de la Fundación Nous Catalans. Desde esos puestos, Colom se dedicó a animar a la inmigración de jóvenes marroquíes a Cataluña, a intentar sumar a la comunidad islámica a la causa separatista y a hacer proselitismo por las mezquitas.
Esa estrategia consciente de promoción de la inmigración marroquí, combinada con las medidas de proscripción del castellano, tenía una razón ideológica: evitar que la presión migratoria de hispanohablantes redujera aún más la proporción de hablantes de catalán.
Y el resultado de esas medidas de «ingeniería» de la inmigración fue demoledor: en sólo 15 años, el número de musulmanes en Cataluña pasó de 30.000 a más de medio millón. En términos relativos, el porcentaje de población musulmana en Cataluña alcanza el 6,9%, mientras que en el resto de España es sólo el 3,6%, prácticamente la mitad. En Gerona, los musulmanes superan el 11% de la población. Y los nacimientos de hijos de padres musulmanes representan ya más del 10% del total en Cataluña.
Y esa concentración excepcionalmente alta de población musulmana ha tenido un segundo efecto, que no puede sorprender a nadie: de las 109 mezquitas radicales localizadas en España, 70 están en Cataluña. Los radicales se asientan preferentemente donde la densidad de población musulmana es mayor. Precisamente, la penúltima vez que Colom saltó a los medios fue en mayo de 2013, cuando el marroquí Noureddin Ziani (colaborador suyo y uno de los altos cargos de la Fundación Nous Catalans) fue deportado a Marruecos a solicitud del CNI, por promover el salafismo. Después de eso, la fundación languideció, aunque sin desaparecer del todo. En teoría, CDC la cerró en septiembre del año pasado, pero en marzo de este año la Fundación Nous Catalans anunciaba en Twitter la creación del enésimo grupo de «catalanomarroquíes por la integración», con presencia de un representante del PdeCAT, el partido sucesor de CDC.
Este jueves, un grupo de esos «catalanomarroquíes» a los que con tanto denuedo han venido cortejando los nacionalistas catalanes, en un vano intento de incorporarlos al procés, teñía de sangre La Rambla, poniendo de manifiesto hasta qué punto pueden llegar a ser suicidas ciertas estrategias de ingeniería social.

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