15 de Junio de 2017 0

Con dolores de parto

 

 

 

Este suceso que sale a la luz en los últimos  días, sucedió el 4 de Octubre del 2014, el lugar una sala de parto del Hospital Gregorio Marañón, cuando la escuché por la radio en la mañana no pude dar crédito a lo que decían y no era precisamente el día de los inocentes, me quedé ojiplática y fui corriendo a internet a buscar los datos de lo acontecido.

La situación es como se las narro a continuación, imaginen la escena: una mujer de parto con ocho centímetros de dilatación, conectada a los monitores con el  gotero puesto, la oxitocina haciendo su labor , los sueros, la epidural ya administrada y los latidos del bebé, en este caso niña, que suenan sin parar y de repente como en una comedia de enredo o del humor de lo absurdo, llega a escena un personaje principal, un miembro del tribunal de selección. Se presenta para informar a la futura mamá que, debía presentarse sin falta a un ejercicio de oposición (a todo esto la mujer tumbada en la camilla) que la parturienta por motivos evidentes no se “podía” presentar y que si no realizaba quedaba automaticamente excluida del proceso selectivo.

Excluida del proceso selectivo han leído bien y es que ser madres no da puntos, no cuenta para nada, pero sigan imaginando el cuadro de este vodevil. ¿Qué ocurrió? Yo que he vivido esa situación unas cuantas veces, (varias veces he dado a luz), sigo poniéndome en el lugar de la parturienta, del marido de la parturienta, del ginecólogo, del anestesista y de la madre que la parió (la suegra del futuro papa).

Pues ocurrió que la opositora y gestante  se sintió presionada y resolvió presentarse a la prueba, teniendo que interrumpir el proceso del parto retirándole la oxitocina, sueros, monitores etc y añadiéndole más anestesia epidural para calmarle los dolores del parto. Una vez terminado el examen pudo continuar “tranquilamente”con su labor maternal y poder así dedicarse a ese asuntillo que le llevó al hospital.

Cinco días después la madre presentó un escrito para solicitar la nulidad del ejercicio y el TSJ de Madrid le ha dado la razón, cosa que agradecemos infinitamente por el bien de la humanidad y del sentido común.

Una sociedad por completo deshumanizada que provoca situaciones grotescas, humillantes, carentes de todo respeto por la vida.

 

 

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