10 de Marzo de 2017 0

“¿Cómo lograr que un gato coma voluntariamente pimienta, que de forma natural rechaza?” Ideología de género.

Una ideología es una postura fundamentada que propone un punto de vista y propone programa de acción ante una situación social. Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus sistemas específicos: el económico, social, científico-tecnológico, político, cultural, moral, religioso, medio ambiental u otros relacionados al bien común.

Las ideologías, por tanto, constan de dos componentes:

1- representación de un sistema: que proporciona un punto de vista propio y particular sobre la realidad vigente, observándola desde una determinada perspectiva a partir del cual se analiza y compara con un sistema real o ideal alternativo, finalizando en un conjunto de juicios críticos y de valor y

2- un programa de acción. El programa de acción tiene como objetivo acercar en lo posible el sistema real existente al sistema ideal pretendido.

Por su origen, alcance y propósito, las ideologías pueden:

1- desarrollarse gradualmente a través de la observación, diálogo, ajuste y consenso sobre lo que es considerado socialmente correcto, desviado o dañino, o bien

2- ser impuestas por un grupo dominante interesado en generar influencia o control colectivo, sin distinción si éste es un grupo social, una institución, o un movimiento político, social, religioso o cultural o si su propósito se centra en promover el bien común o un interés particular.

Los primeros en estudiar la “ideología” fueron los psicologistas franceses, en la Ilustración y Revolución, aspirando a constituir una teoría sobre el materialismo de las sensaciones y su derivación en emociones, pasiones y sentimientos, de manera que del hecho exterior se transigía psicológicamente a la manera interior de captar las cosas y apreciar estas categorías en la psicología personal. En el idealismo de Hegel, se considera la “ideología”, como dialéctica del pensamiento, “escisión de la conciencia”.

El concepto, proveniente de la Ilustración, es redefinido en la dialéctica materialista, dotándole de un contenido epistemológico—como teoría del conocimiento—, por Marx, para quien la ideología es el conjunto de las ideas que explican el mundo según las relaciones de producción que forman la estructura económica de la sociedad, base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política a la que corresponden determinadas formas de conciencia social, por tanto “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, si no, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política,  Karl Marx). Exponiendo en Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (Ed. Martínez-Roca, Barcelona, 1970, pág. 103): “…la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem; y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo…”

En la doctrina marxista, las clases sociales aparecen inexorablemente enfrentadas en conflicto como dualidades antagónicas en el contexto del materialismo histórico, del que surge la teoría de la lucha de clases, motor de la historia, manifestación del conflicto de los intereses materiales de los individuos en las relaciones sociales. El Manifiesto Comunista de Marx y Engels comienza con esta afirmación teórica: “Toda la historia humana es, hasta el día, una historia de lucha de clases“.

Pero Lenin, tremendamente más pragmático, marca las pautas de la acción subversiva del revolucionario profesional, mediante la creación de conflictos de lucha de clases, que lleven al cambio revolucionario, con la pretensión de provocar el derrocamiento del orden establecido, y su sustitución por una tendencia ideológica. En las escuelas de adiestramiento marxista-leninista se presentaba un célebre problema en calidad de ejercicio: “¿Cómo lograr que un gato coma voluntariamente pimienta, que de forma natural rechaza?”

– La primera respuesta es abrir el hocico al gato por la fuerza. Respuesta errónea al faltar el consentimiento del gato.

– La segunda respuesta es esconder la pimienta en un pez. También errónea, porque el gato escupirá el pez cuando descubra la pimienta.

– La respuesta correcta sería: Esparcir pimienta en la alfombrilla que el gato usa habitualmente. Cuando el gato se tienda sobre la pimienta, sentirá incomodidad y escozor, y comenzará a lamerse para aliviarse.

El resultado obtenido: El gato come, por su propia voluntad, que ha sido totalmente condicionada, la pimienta que detesta en el orden natural de las cosas.

El gato no ha visto ni sentido en forma alguna la voluntad externa que le imponía un acto contrario a su naturaleza, de manera que ejecuta este acto espontánea y naturalmente… una vez condicionado.

En otras palabras, lo que en la acción subversiva es un objetivo estratégico, en el cambio revolucionario, el control psicológico de la población, se transforma en objetivo táctico.

 Feminismo

La “ideología” pretende explicar la realidad de forma que tenga que asumirse sin crítica alguna, funcionando por consignas y lemas, promoviendo falsas creencias que mantienen la interpretación o justificación previa tal como las crea en el imaginario individual y colectivo, independientemente de las circunstancias reales, interviniendo y dirigiendo los actos personales y colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos intereses sirve, por ello suelen acabar produciendo una separación entre las ideas y su práctica en la realidad, difícilmente asumible.

Sociológicamente, del estudio de la ideología se encarga la Sociología del Conocimiento, cuyo presupuesto básico es la tendencia humana a falsear la realidad en función del interés. Así, una ideología en manos de un grupo dominante corrompido opera como sistema de creencias y falsas racionalizaciones que refuerzan su propia posición o aspiración a privilegios.

El origen de la mayoría de las ideologías se sitúa en el interés personal de acuerdo con necesidades que sustenta socialmente un determinado pensamiento, separando y disociando la realidad, porque la manipula en forma de propio interés, apropiándose de una versión simplificada y distorsionada de una corriente filosófica, en una falsa creencia. Para Max Weber, la ideología, como falsa creencia, más que en la filosofía de la que deriva, debe estudiarse en términos de su lógica degradada.

Las ideologías se ven a sí mismas como depositarias de las ideas y fuente de soluciones que pueden resolver cualquier cuestión, presente o futura, de la sociedad, como explicación total y última, cerrándose a las “ideas de los otros”, lo que las convierte en dogmatismo, pudiendo llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados, abriéndose el camino al totalitarismo. Cualquiera que disienta pasa a ser un problema, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología.

 Machismo

En ocasiones se usa una acepción despectiva del término ideología para desprestigiar o descalificar un sistema de pensamiento, concepción del mundo, costumbres o autor, señalando que está “ideologizado”. El uso ofensivo del término entiende la ideología como un discurso de control social.

Hablamos de “ideología”, por tanto,  cuando una idea o conjunto de ideas manifestadas, interpretadoras de lo real, son apreciadas y compartidas conscientemente por un grupo social en una sociedad determinada, donde interiormente, los miembros del grupo ideológico admiten o no que determinado individuo pertenezca al grupo según comparta o no ciertos presupuestos comunes de pensamientos básicos.

El machismo, es definido como aquella actitud o manera de pensar de prepotencia de los varones respecto de las mujeres, es una expresión derivada de la palabra macho (del latín mascŭlus), con connotaciones despectivas en francés, cuyas acepciones son: animal del sexo masculino; coloquialmente, hombre con características consideradas propias de su sexo, especialmente la fuerza y la valentía o también coloquialmente, para dirigirse a una persona de sexo masculino.

Para que una ideología tenga existencia real, necesita de adscripción consciente, de pertenecer a tal ideología, de quien defiende ese punto de vista y de presupuestos de acción. Necesita ser.

No se cumple ninguno de estos requisitos. Se construye y define como ideología fantasma pantalla para argumentar la lucha de contrarios desde su antagonismo. Sólo existe en su pretensión de ideología contraria.

Y es a partir de su antagónica desde la que se determina y dictamina, despectivamente, la designación, para justificarse a sí misma, ésto es, uno no lo es por adscripción propia, voluntaria o convicción, sino porque alguien interesado en su oposición dice quién lo es, cómo y por qué. No existe la ideología como tal, no es real, es un artificio.

La ideología de género

 Ya denunció Karl Popper, (La sociedad abierta y sus enemigos, Paidos, Barcelona,1981), como parte de un marxismo mal interpretado como no son las necesidades históricas las que generan grupos sociales dominantes y sus ideologías, sino las élites las que crean formas de organización social con una ideología que hace posible su poder.

Sin embargo, desde el final de la Guerra Fría, se ha dado una extraña simbiosis y una adaptación de postulados marxistas-leninistas a la globalización y al sistema demoliberal neoconservador económico triunfante, dentro de conceptos filosóficos postestructuralistas, como el de la filosofía deconstructivista.

El término deconstrucción es una interpretación personal del término alemán destruktion de Heidegger, propuesta por Jacques Derrida, utilizado, analógicamente, en teoría arquitectónica, por influencia de este filósofo a raíz del constructivismo ruso. Heidegger, en sus análisis etimológicos de la historia de la filosofía, emplea el término “destruktion” al final de la introducción de Ser y Tiempo, (ed. Trotta, trad. de Jorge Eduardo Rivera, Madrid, 2003) anunciando, en 1927, que esta “destruktion” debía constituir la segunda parte de la obra que no llega a ser redactada (aunque parece quedar esbozada parcialmente en obras y conferencias posteriores).

 La ideología de género es un instrumento que aplica, desde la filosofía deconstructivista, la lucha de clases a las teorías económicas neomalthusianas, tratando de “deconstruir” la sociedad, en construcción de un “nuevo modelo social”, atentando directamente contra la estructura social natural básica, diseñado desde opacas organizaciones internacionales, con oscuros intereses, articulando un proyecto progresivo de lo que estas organizaciones denominan reingeniería social, para cumplir objetivos ocultos, convirtiendo a la humanidad entera, desposeída de toda dignidad arrebatándole el alma, en animales de experimentación, gatos bajo el efecto de la pimienta o cobayas de laboratorio. A los gatos, o a los cobayas, no se les revela el experimento, ni se les pide permiso, ni se les permite disentir… Se decide desde la palestra y se les impone ser utilizados.

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