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Día de la Constitución: nada que celebrar

6 de diciembre de 2017 0 Actualidad / Sin categoría

EDITORIAL – La Constitución Española que se aprobó en 1978 es un documento alabado por sus partidarios como aquel que trajo la libertad a todos los españoles. Hasta muchos que profesan la religión católica tienen aún esta creencia. Se alaba la libertad de expresión, la libertad de información, la libertad de cátedra… que se han conseguido supuestamente. Sorprende que en este balance no se tenga en cuenta de igual manera la vida humana de los embriones abortados, la dignidad de las mujeres abocadas a la prostitución, la moralidad de tantas personas destruida por los medios de comunicación, las familias rotas por el divorcio… En realidad, la Constitución Española dividió a los españoles aún más de lo que estaban antes. Los gobiernos de Francisco Franco tuvieron sus aciertos y sus errores. El carlismo se vió sometido a los excesos de un régimen que tuvo también luces como la de someter ciertos principios políticos a la ley natural. A su vez, su poco respeto y confianza en la libre iniciativa social nos ha llevado a una generación de “demócratas rebeldes” que lo esperan todo de Papá-Estado y que han olvidado sus tradiciones. En este sentido, la Constitución del 78 no ha supuesto una liberación sino la consolidación -y la multiplicación- del error estatalista.

Es preciso recordar que la Constitución no es sólo el texto “consensuado” por los demócratas de la Transición (Carrillo incluido). La Constitución incluye todas las interpretaciones que el Tribunal Constitucional ha hecho a lo largo de estos años. Las ambigüedades dispuestas o sancionadas en su momento por don Juan Carlos de Borbón y Adolfo Suárez para mantener tranquila la conciencia de los católicos se han ido resolviendo al ritmo de la pendiente “progresista”. Entre los protagonistas de este proceso están los dirigentes de Alianza Popular, el PSOE de Alfonso Guerra, aquel que dijo que “a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió”, y todos los demás partidos con representación parlamentaria.

El balance de casi 40 años después de la aprobación de la Constitución Española es el siguiente:

  1. En España no solo existe el divorcio; también hay un divorcio exprés y las familias pueden romperse sin ningún miramiento.
  2. En España se puede abortar libremente, sin aducir siquiera un motivo, durante las primeras 14 semanas. Y se puede abortar por motivos eugenésicos, tal y como postulaba el régimen de la alemania nazi.
  3. En España no sólo se acepta cualquier aberración sexual como normal, sino que se imponen como opciones válidas que hay que proponer a niños y jóvenes.
  4. En España no sólo se permite la pornografía, sino que se proponen en la televisión ídolos que trabajan como actores en esa industria. Las leyes, por acción u omisión, han abocado a la mujer a ser concebida como un objeto sexual tanto en la publicidad como en los medios de comunicación.
  5. En España no sólo hay corrupción, sino que los principales partidos políticos y poderes fácticos forman parte de la corruptela política por medio de relaciones de intereses. Y la justicia, politizada, no ofrece garantías de solución.
  6. En España la religión católica no sólo está relegada al ámbito privado, sino que también es despreciada y marginada por el “laicismo confesional” y por la dictadura de lo políticamente correcto, impidiendo a los católicos tener representación conforme a sus convicciones.
  7. En España los movimientos separatistas campan a sus anchas, ocupan puestos institucionales, y desprecian impunemente la lengua, historia y tradiciones comunes.
  8. En España, las grandes decisiones estratégicas y de defensa vienen marcadas por intereses de potencias extranjeras a cuyo servicio trabajan nuestro ejército y nuestros diplomáticos. Somos una colonia.
  9. En España el consumo está por encima del ahorro. Se ha abocado a las familias a centrarse en el trabajo y no en la convivencia para mantener un nivel de vida imposible. Los derechos sociales son papel mojado en un sistema económico que no se centra en la persona o la familia sino en el Estado y el capital.
  10. En España no hay ni democracia ni monarquía. No hay representación social. Todos los resortes del poder están concentrados en los comités de los partidos políticos. Es la partitocracia.

Podríamos continuar con la lista de agravios. Es importante recordar que en estos 40 años constitucionales no ha mejorado siquiera la economía. Porque el milagro económico del PPSOE es un engaño sostenido en gran medida por el leviatán europeista. La Constitución del 78 ha abierto nuestro país a un modelo económico que somete a la clase media a una esclavitud consumista de la cual se benefician las grandes empresas y el Estado, que a su vez entrega suculentos impuestos (IVA) a las burocracias europeas. No sólo se vulnera la ley natural y se nos roba el dinero que trabajamos con jornadas laborales cada vez más imposibles de “conciliar”. Se nos impone además un esquema para pensar y actuar por medio de leyes y coacciones que no se corresponde ni con la razón, ni con la fe, ni con la libertad personal.

Desde Ahora Información somos conscientes y denunciamos un proyecto de ingeniería social que ha aniquilado la libertad y la dignidad de millones de personas al servicio del economicismo y de los poderes fácticos. La democracia constitucional ha sido y es insolidaria porque ha condenado a las clases medias y populares a la incultura, al adoctrinamiento y a la sumisión. Esta obra no hubiera sido posible sin una hábil combinación de acción política y mediática en la que los magnates de Vocento, Unidad Editorial, Mediaset, Mediapro, Grupo Prisa y demás conglomerados han servido fielmente a la realidad tiránica de la partitocracia.

Por todo ello el día de San Nicolás es para nosotros la conmemoración de una derrota. Un día para recapitular el grado de postración que sufrimos como sociedad y para calibrar las  posibilidades de una  nueva insurgencia. Ahora Información es el periódico digital de la España Tradicional. Estamos convencidos de que España, las Españas, tienen un potencial de reconstrucción anclado en la fe, en una tradición política original y en una realidad consistente y fecunda. La creatividad de los núcleos resistentes, por muy “reventados” que parezcan hoy, dará pasos a numerosos modos de disidencia. El camino de las derrotas muestra a veces el de la victoria porque la construcción y la destrucción tienen siempre algo en común: la realidad de las cosas. La realidad concreta de lo que significa ser español y ser persona creada por Dios.

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