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¡Felicidades Madre! y ¡Felicidades España!

EDITORIAL – Se conmemoran hoy dos fiestas importantes para nuestra Patria: la de la Virgen del Pilar y la de la Hispanidad. El 12 de octubre es el día en que la Iglesia Católica ha dado permiso a las diócesis españolas para conmemorar a María bajo la advocación del Pilar. Se conmemora aquella visión que tendría el apóstol Santiago de la Madre de Dios, que se le apareció para confortarle a él y a sus compañeros en la tarea de evangelizar la entonces Hispania. Y también, el 12 de octubre, es el día en que Cristóbal Colón, hoy ya hace más de 500 años, hizo contacto con las Américas por primera vez.

Las casualidades no existen de cara a la providencia divina y podríamos observar que el nombre de Cristóbal significa “el que lleva a Cristo”, ya que viene del griego Cristóforo. En el día de la festividad del Pilar –celebrado con motivo de la intercesión de María para la evangelización de España– también se hizo posible dar a conocer a Cristo en las tierras de ultramar. Colón “llevaba a Cristo” realmente, en la medida en que representaba la exploración de un reino cristiano de las Bahamas, la primera tierra americana conocida, e hizo posible que religiosos y predicadores pudieran enseñar allí a los indios y mestizos posteriores la Verdad más importante: que Jesucristo es el Salvador. España y su destino evangelizador se demuestra hasta en los mismos orígenes de su Fiesta Nacional.

Hoy estamos al borde o de la secesión o de algo igualmente horrible: una España plurinacional y atea, quizá convertida en unos años en una especie de España post-soviética. Este día de la Hispanidad y de la Virgen del Pilar nos aporta mucha esperanza frente a ese destino tan aciago que parece abalanzarse sobre la Patria. Quizá nos encontremos ante un guiño de Dios. Necesitamos una renovación política y religiosa, de las instituciones humanas y divinas. El trabajo político no puede estar huérfano del espiritual, pero tampoco el espiritual puede estar huérfano del político. No en vano los carlistas decimos en nuestro tetralema “Dios-Patria-Fueros-Rey”. “Nada sin Dios” y tampoco sin la Virgen y tampoco sin el trabajo diario y tampoco sin el compromiso patriótico y tampoco sin la autoridad legítimamente ejercida. “Nada sin Dios” lo incluye todo.

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