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Felipe de Borbón declara que la democracia y el Estado de Derecho es lo que hay que defender en España

4 de Octubre de 2017 3 Actualidad

ANÁLISIS – El discurso del Jefe del Estado, Felipe de Borbón, ha sido una declaración liberal más en un conflicto político que nunca solucionará el liberalismo con su discurso bienintencionado y errado. Las palabras más oídas del discurso han sido “democracia”, “concordia”, “todos”, “España”, “Cataluña”, “Estado de derecho”…

El noble que ocupa ilegítimamente la Corona de España ha hecho un alegato legalista frente a un problema político y social de primer orden.

Los carlistas defendemos la Unidad de España no para preservar el Estado de Derecho sino para preservar nuestro pasado y nuestro futuro común, nuestras tradiciones y nuestra forma de vida. El Estado de Derecho, quizás, es un instrumento legal para conseguir la unidad católica de la sociedad y del Estado, el ADN de España, pero nunca podrá ser el sustituto de las buenas actitudes y de las virtudes políticas que vecinos y gobernantes deben tener en la vida pública.

La exaltación de la democracia y de la concordia conducen al separatismo porque no concretan el proyecto común histórico y tradicional que España ha urdido durante 500 años. Cataluña es una parte de España, quizá maltratada por algunos gobernantes o reyes, quizá parte sufriente. Sin embargo, tan sufridora no habrá sido si la industria y la economía catalana han florecido gracias al contexto hispano en el que se encontraba. En lo cultural y lingüístico quizá ha sido marginada por Franco, Primo de Rivera o algún dictador harto de las revueltas políticas de comunistas y sediciosos. Quizá el liberalismo centralizador ha eliminado los fueros y las instituciones catalanas. Sin embargo, nada de eso consiste en España. España son las personas y la unión familiar que todos tenemos gracias a compartir idiomas, literatos, filósofos, poetas, y hasta hace poco fe en un solo Dios. Y eso trasciende a las equivocaciones políticas concretas, ya que podemos cambiar esos errores juntos. Apelar al diálogo no es buscar la solución, es presumir de demócrata, que no soluciona nada.

Lo que es peor, Felipe de Borbón está dilapidando la institución de la Monarquía Tradicional, transformando a la realeza en una mera marioneta del sistema legal, sin ninguna posibilidad de solucionar un conflicto entre españoles.

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3 comentarios en “Felipe de Borbón declara que la democracia y el Estado de Derecho es lo que hay que defender en España

  1. monsterid

    Miguel Angel Belmonte

    Me parece bien la intención y la idea de fondo de este análisis del discurso del llamado rey. Ahora bien, nosotros precisamente debemos esforzarnos en no tirar de tópicos. En realidad no usó en ningún momento del discurso la palabra ‘diálogo’. Y tal como está el patio, lo digo como carlista catalán y como observador de la realidad que me rodea, a mí el que no cayera en el postureo dialogante me reconfortó bastante. Ya sé que es el “okupa mayor” y todo eso, pero, qué queréis que os diga… Por eso os copio aquí unas líneas que envié ayer a mis amigos al respecto:
    Escuchando a tres grandes autoridades morales en la España actual (un tal Blázquez, vicepresidente de la Comisión Europea Timmermans, el marido de Shakira) hay una cosa en que todos coinciden: apelan al “diálogo”. Es una de esas palabras-talismán de las que ya nos hablaba Javier Barraycoa en las clases de Filosofía de COU, allá por otoño del 1989, otro año histórico. Se utiliza la palabra-talismán y se consigue positivizar el contenido del discurso, sea el que sea. Lo positivo, por lo que tiene de uso de la razón, que es lo que significa ‘logos’. Lo que pudiera haber de negativo en el diálogo (la duplicidad, la doblez, la contradicción, el riesgo de sofisma…) queda positivizado. Otras palabras-talismán como “intolerante” o “facha” se aplican con función negativizadora. El concepto de ‘orden’ que
    incluyen queda negativizado al ser asociado a elementos como ‘coacción’, ‘destrucción’, ‘negación’…
    Los diálogos por antonomasia, que son los de Platón, suelen ser aporéticos, o sea que llevan más bien a la perplejidad y a una situación sin salida (que es lo que significa ‘aporía’). Y los que no, se parecen bastante a un monólogo con sparring.
    No puedo apartar de mi memoria aquellos días de noviembre de 2000 cuando, tras el asesinato etarra de Ernest Lluch en Barcelona, “todo el mundo” pedía “diálogo” y la periodista de la SER Gemma Nierga protagonizó el acto oficial de homenaje al asesinado añadiendo algo, por su cuenta y riesgo, al
    leer el manifiesto pactado por los partidos, dijo: “Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor”. Recuerdo que, a los que en ese momento valorábamos con escepticismo la eficacia antiterrorista del diálogo, nos miraban con indignación, como si la ETA fuera a seguir matando siempre por culpa de nuestra falta de
    entusiasmo ante la propuesta “dialógica”. Diecisiete años después, el mismo unánime clamor en Barcelona: ¡diálogo! Las mismas miradas atónitas si das muestras de escepticismo ante tan
    original propuesta. Por eso vi ayer el discurso de Felipe VI (se admite la pronunciación
    Felipe-vi, porque fue el programa más visto) con asombro: ¡no ha usado la palabra ‘diálogo’! Reconozco que, por una vez, se me puso cara de alfonsino, aunque se me pasó enseguida.
    Yo, cuando oigo hablar de diálogo, democracia, represión policial, derecho
    a decidir, solo-el-pueblo-salva-al-pueblo, dignidad, som-gent-pacífica-i-no-ens-agrada-cridar, todo-el-mundo-lo-ha-visto, aquesta-és-la-nostra-policia, in-indá-indá-pandensi-á… me pongo a leer a Tucídides. Especialmente su descripción de las consecuencias morales de la guerra civil en Corcira, donde se llegó al extremo de ¡cambiar el significado de las palabras!

  2. monsterid

    Porfirio Gorriti

    Los carlistas argumentan con razón la ilegitimidad real, en origen y ejercicio, de Felipe VI. Don Felipe, heredero de los que robaron la Tradición en el lecho de muerte de Fernando VII, no profesa el catolicismo como debe hacerlo un auténtico rey de España . Sin embargo, la realidad concreta es que ocupa el trono como hito histórico irreversible y que su intervención televisada ha sido esencial para sofocar la revolución separatista. Don Felipe ha cumplido su papel y ha leído el texto preparado por los altos asesores de la eficiente Casa Real.
    Mas la crisis del separatismo catalán ( así como el vasco) no ha terminado en absoluto sino que evoluciona a otra fase.
    La conclusión es que los carlistas tienen razón. España necesita a su Rey.

  3. monsterid

    Miguel Angel

    Un único comentario en el que dijo lo mínimo, pues el silencio que profesa hacía daño en los oídos. Pero falta mucho más. Un detalle que me gustaría es una visita a los policías y guardias, comer con ellos, escuchar sus impresiones, inspeccionar y mejorar sus alojamientos. Aquí no caben equidistancias. O se está con España o contra ella y, pudiera ser, que por fin podamos llegar hasta el final, hasta las raíces de la inquina y la mala educación que ha arraigado en muchos. No habrá paz hasta que pidan perdón por su actitud sediciosa y paguen, de sus bolsillos, los daños y gastos ocasionados. El ser rey no es hablar un rato y seguir mirándose a los espejos mientras la familia se dedica a la cirugía plástica. Es una actitud continua. Incluso puede leer las declaraciones del “emérito”, publicadas en Francia, sobre la Unidad de España. Después de un largo camino me encantaría decir: fue un digno usurpador del trono. Pero le falta mucho, distancia moral, iniciativa y, sobre todo, valentía. La monarquía española tradicional no fue hecha para cobardes.

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