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Elecciones en Holanda: vence el europeísmo frente al euroescepticismo

Las elecciones holandesas enfrentaban sobre todo a Rutte (centro), conservador, y a Wilders (fondo), euroescéptico. Foto: Wikimedia

Las elecciones holandesas estaban estos días en el punto de mira de la Unión Europea. Se presentaban diferentes partidos que han quedado muy igualados en el Parlamento. El Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) se ha hecho con la victoria electoral en Holanda con 33 de 150 escaños en la cámara. El Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders ha alcanzado la cifra de 20 escaños frente a los 25 que predecían las encuestas. Democracia Cristiana (CDA) y Demócratas 66 (D66) han obtenido 19 escaños cada uno y Los Verdes con 14 escaños. El Partido Laborista de Holanda ha conseguido 9 escaños; la Unión Cristiana y el Partido Animalista habrían recabado cinco cada uno.El primer ministro,  Mark Rutte, sigue siendo mayoría en el Parlamento, aunque tendrá que pactar con otros partidos para ser estable.

Eran las elecciones del enfrentamiento entre los euroescépticos y el establishment europeo. Geert Wilder ha sido la estrella mediática (odiada y querida a partes iguales) con su discurso anti-inmigración y anti-islam en las redes sociales y los medios. Estas son algunas de sus declaraciones más polémicas:

“Hay demasiada chusma marroquí en nuestra tierra”

“El Corán es un libro fascista que incita a la violencia”

“Los islamofascistas turcos no son bienvenidos”

También publicó diferentes tweets que han provocado una enorme conmoción en el país. Un montaje de Ángela Merkel salpicada por la sangre de las victimas del ataque terrorista islámico en el mercadillo navideño alemán; fotos trucadas de miembros de la oposición apoyando manifestaciones islamistas…

Solución a la invasión cultural islámica

ANÁLISIS – El euroescépticismo de Wilders o la defensa a ultranza de los partidos europeístas no son la solución. La realidad es que la destrucción de la familia y la natalidad ha pasado factura al relevo generacional. También el relativismo moral y cultural, que nos condenará a los españoles, holandeses, alemanes… a ser una minoría étnica dentro del país que hemos construido durante siglos. El sufragio universal de la democracia liberal y la integración cultural de los inmigrantes musulmanes es imposible a la vez y en tan poco tiempo: si lo que queremos es proteger nuestro patrimonio inmaterial, espiritual y humano.

Sin embargo, la solución no puede destruir el internacionalismo europeo para instaurar una suerte de nacionalismo racista basado en el odio. Las políticas migratorias no tienen que estar relacionadas directamente con el discurso emocional que enardece a las masas y nos aboca a la violencia contra el prójimo. Todo esto contraviene las leyes más básicas y no escritas. También vulnera la naturaleza humana el no proteger la comunidad y la historia de un pueblo con políticas que favorecen a los más poderosos que quieren mano de obra barata de otros países. Es necesario un equilibrio entre cuidar el interior y la generosidad con los otros. Ser fríos. La indiferencia justa y la empatía justa. Ayudar en los países de origen o atraer a sectores de población menos problemáticos como los habitantes de Hispanoamérica, que han asimilado durante siglos nuestra cultura.

Actualmente no existe ese equilibrio en Europa. En España hay una corriente unánime que considera la inmigración musulmana como el último de nuestros problemas. Otros, minoritarios, en España y Europa, estarían dispuestos a expulsar a los extranjeros y creen que esa va a ser la solución a los problemas de fondo.

Ayer publicamos un artículo sobre los datos de la OCDE sobre España. En cuestiones educativas nos dejan al borde del suicidio cultural. Si el pueblo español no conoce su propia identidad, su propio idioma… la inmigración es el más urgente de nuestros problemas, teniendo en cuenta además que los musulmanes crecen demográficamente a costa de una cultura de la muerte nacional que nos deja indefensos ante el futuro. No somos un pueblo entusiasmado y culto que pueda oír la voz de Dios, de la naturaleza y de la historia para labrarse un nuevo futuro.

Todo hay que unirlo a que el Islam es una religión que no cree en la dignidad de la mujer, en las obligaciones elementales de un hombre con respecto a sus hijos y su esposa o en la integridad sexual de los menores en muchos países (mutilación genital femenina, lapidación, pederastia…). Tampoco cree en la libertad de los cristianos y rechaza la cultura y la inteligencia occidental desarrollada en 2000 años de historia gracias a la filosofía griega, el derecho romano y la Sagrada Revelación. A los liberales habría que recordarles que su “libertad, igualdad y fraternidad” será una herejía del cristianismo, pero se alimenta del Evangelio indudablemente. Dejar que crezca el Islam socialmente es un suicidio para los tradicionalistas, pero también para los liberales.

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